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Desde esta tribuna del pensamiento, la cultura y la justicia, levantamos una voz ciudadana para formular una pregunta que merece respuestas oportunas: ¿está realmente preparada la Amazonía ecuatoriana para enfrentar los efectos del fenómeno natural de El Niño?

La Amazonía ecuatoriana está conformada por las provincias de Napo, Pastaza, Morona Santiago, Zamora Chinchipe, Sucumbíos y Orellana, territorios que representan una parte fundamental de la riqueza natural, cultural y económica del Ecuador. Una región extraordinaria, atravesada por caudalosos ríos, esteros, cascadas, lagos y lagunas, pero también vulnerable ante las intensas lluvias, desbordamientos, inundaciones y deslizamientos.

La declaratoria de emergencia nacional frente a este fenómeno natural debe constituir una oportunidad para fortalecer la prevención y no únicamente para actuar cuando las tragedias ya se hayan producido.

Nuestra preocupación como ciudadanos es legítima. Existen sectores amazónicos donde la vialidad continúa siendo una asignatura pendiente; carreteras y puentes requieren mantenimiento permanente, mientras los deslaves y las lluvias pueden dejar comunidades incomunicadas durante horas o incluso días.

A ello se suman las necesidades existentes en educación, salud, infraestructura, servicios básicos y atención oportuna para las comunidades rurales y de difícil acceso. En una emergencia, estas dificultades pueden multiplicarse y poner en riesgo especialmente a niños, adultos mayores, personas con discapacidad y familias que viven en zonas vulnerables.

Por ello, hacemos un llamado respetuoso a las autoridades nacionales, provinciales y municipales para que, dentro de sus competencias, planifiquen y ejecuten acciones preventivas con carácter urgente: limpieza y mantenimiento de vías y puentes, identificación de zonas de riesgo, fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, preparación de albergues, abastecimiento de medicinas y alimentos, y coordinación efectiva de los organismos de respuesta.

Prevenir siempre será menos doloroso y menos costoso que reconstruir después de una tragedia.

La Amazonía no pide privilegios. Pide atención, prevención y respuestas oportunas.

Como ciudadano común, expreso esta preocupación con respeto y esperanza, porque detrás de cada carretera, vivienda, puente o comunidad existen vidas humanas y años de sacrificio.

Que las autoridades escuchen hoy, para no lamentar mañana.

Dios proteja a la Amazonía ecuatoriana y a todos sus habitantes.

Elio Roberto Ortega Icaza